Quienes practicamos la Medicina Tradicional China nos encontramos desde el inicio con un concepto que pareciera escaparse a los límites de la mente (y quizás así sea…): El Tao

Antes de comenzar a sumergirnos un poco en esta idea quisiera dejar en alto (así como se deja una luminaria en el camino) las palabras con que comienza el Dao De Jing (Tao Te Ching):

“El Tao que puede llamarse Tao, no es el verdadero Tao”

Con esta simple pero a la vez potente sentencia queda claro que nos estamos aproximando al mundo de lo inefable. Mundo que lejos de ser oscurantista se nos presenta como un exceso de luz; tan luminoso que encandila. Es así que debemos acercarnos con la simpleza y humildad que requiere la sabiduría; a tientas y entreabriendo suavemente los ojos para que nos alcance alguno de sus rayos…

El Tao es intemporal, no se ve, ni se oye, ni se siente.
El Tao es inalcanzable para cualquier forma de pensamiento humano, («El Tao que puede conocerse no es el verdadero Tao…» Tao Te Ching), no tiene nombre ni forma, pero aunque sin forma y sin nombre, es la raíz de todas las cosas con nombre y con forma.
Por la necesidad de ser descrito se le denominó Tao, que puede traducirse como «vía» o «camino», aunque también podría entenderse como «intuición”, “sensibilidad” o «sentido».

En esta idea del Tao se centra una enorme, antigua y diversa corriente filosófica de origen chino, llamada “Taoísmo”.
Sus bases y postulados se encuentran principalmente en los textos: “Daodejing” (Tao Te Ching) traducido como “Libro de la Vía y de la Virtud” que es atribuido a la figura de Lao Tse, en el Lie Zi  atribuido a Lie Yukou (Lie Zi), a quien se considera un personaje legendario y en el “Zhuangzi”, libro de parábolas y alegorías atribuido al filósofo Zuang Zi.

Se considera el Tao como todos aquellos procesos de transformación, evolución y regeneración de la naturaleza. Es éste la razón íntima y propia de todos los seres, la realidad última, de naturaleza espiritual y distinta de las cosas materiales.
El objetivo del taoísmo es enseñar al ser humano a integrarse y fluir en la naturaleza en concordancia y armonía, de tal forma que llegue a experimentar en su propio ser sus ritmos vitales, ya que si bien el Tao es inaprensible se puede llegar a percibir en las leyes de la naturaleza y del curso del mundo.
Para ello debemos liberarnos en nuestro interior de todo lo que nos desvíe de este camino e impida su contemplación.
Encontrando el camino que conduce de la confusión del mundo hacia lo eterno, de la inconsciencia al despertar, se estará en el camino del Tao.
En otras palabras, seguir este camino implica una expansión cada vez mayor de la conciencia, que nos permita adentrarnos en el natural fluir de la vida sin resistencia (que causa sufrimiento) y con cierta indiferencia vital.
O dicho de otro modo, se trata de desarrollar la templanza y ecuanimidad ante la vida y sus propuestas; aceptándola y evitando esfuerzos innecesarios e inútiles.

Es este un tema sobre el que podríamos reflexionar muchísimo, y poco a poco lo haremos con otras publicaciones cada vez en mayor profundidad.

A modo de claves:
– Hablamos del Tao como de una realidad intangible e indescriptible que es inherente a la vida misma.
– No se trata de una personificación ni deidad (aunque el taoísmo filosófico dará origen al taoísmo religioso más adelante).
– Podemos percibirlo en los ciclos, leyes y transformaciones de la vida y la naturaleza.
– Vivir conformes al Tao implica la plena aceptación de la realidad con ecuanimidad y como una invitación que nos hace la vida en cada momento y nos insta a actuar.
– Siguiendo este camino nos veremos librados/as del sufrimiento (no así del dolor).

Espero te sirva, aunque sea para despertar el interés en conocer más sobre este camino maravilloso. En las próximas entregas seguiremos profundizando…

Leonardo Fernández
ECOMEC