Desde el primer día de formación, todo estudiante de Medicina China se encuentra con una maravillosa paradoja: esta medicina es simple, lo difícil a veces es ser simples…
El arte que practicamos nos invita a realizar un viaje de simpleza, un camino de regreso a casa con un espíritu cada vez más desprejuiciado y en cierto punto “inocente”, como el de los grandes sabios.
Así de entrada nos encontramos con un concepto formidable por su sencillez y complejidad simultáneas: la idea de Yin-Yang.
Seguramente a vos que estás leyendo este artículo, seas o no estudiante/practicante de Medicina China, te “suenen” estos términos, conozcas su representación gráfica más difundida (el Taijitu, símbolo circular con el Yin y el Yang representados como dos grandes gotas o peces en movimiento) o tengas en mente alguna tabla de correspondencias del tipo Yin: noche, oscuro, frío – Yang: día, luminoso, calor, etc. Sin embargo, estas nociones calan mucho más profundo…
Te invitamos a adentrarnos un poco en ellas…

Comencemos partiendo de la imagen.

Cuando analizamos los ideogramas chinos referidos a Yin y Yang vemos en ambos un componente que representa una colina o montaña. En el caso de Yin vemos, además, unas nubes que se extienden en el horizonte; mientras que en la representación de Yang vemos un sol con sus rayos. Es así que desde la antigüedad se habla del Yin-Yang como el lado nublado y luminoso de la montaña respectivamente.
Me gusta pensar que algún antiguo sabio chino se encontraba observando plácidamente una colina en un día medio nublado cuando de pronto tuvo ese rapto de lucidez: “La vida se sustenta y explota en todo su esplendor gracias a la interacción creativa y siempre original de dos principios opuestos pero que no pueden ser sino complementarios…”
Independientemente de que esto haya sucedido así o no, sí lo es la conclusión a la que llegamos.
Todo se sustenta en la dinámica vital de dos principios.
Por un lado, tenemos la faz nublada de la montaña, aquella donde no da el sol. De ese lado nos encontramos con mayor oscuridad, humedad, frescura, quietud, una invitación al reposo…
A su vez, del lado opuesto nos encontramos con el resplandor del sol que calienta, ilumina, seca, invita a la actividad y al movimiento.
La vida tiene, como aquella montaña, una parte de quietud, reposo y oscuridad (la cual no es negativa, como nos puede hacer creer nuestra cultura occidental no nativa) y al mismo tiempo, una faz activa, luminosa, extrovertida. Ambas caras son necesarias para que la vida sea posible. Si sólo fuese noche o día, frío o calor, reposo o actividad no habría vida (al menos las formas de vida que conocemos).
La semilla necesita ser enterrada en la oscuridad y humedad del suelo para germinar pero su crecimiento y desarrollo sólo será posible si recibe la luz, el calor y las radiaciones del sol.
La vida de cada  uno/a de nosotros/as implica el movimiento y la expansión pero sería insostenible sin la quietud y la contracción opuestas.
Como estos podemos encontrar miles de ejemplos en nuestra vida cotidiana…Ahora bien, nos encontramos constantemente con manifestaciones vitales que parecieran hablarnos de que no hay sólo dos principios o, mejor dicho, de que hay muchísimos más… De este modo, vemos que entre “blanco” y “negro” existe una enorme gama de grises, que entre el “frío” y el “calor” tenemos el fresco y la tibieza, o que las identidades personales no se circunscriben a “A” o “B” sino que hay una diversidad muchísimo más rica.
Podríamos pensar que entonces este modelo de los dos principios binarios no aplica a todo, sin embargo no es así. Vayamos a conocer un poco más…

Yin y Yang se mueven y vinculan entre sí de modos muy específicos, ordenados y armónicos. Estos modos son regidos por algunas leyes que vamos a comentar a continuación.

1) Yin y Yang son principios opuestos (principios ordenadores; esto es, no son un mero listado de cosas y asociaciones sino información sobre la dinámica universal). Lo que es Yin no es Yang y viceversa.
Dado que son opuestos siempre se definen por comparación entre sí. Algo es Yin o Yang con respecto a otra cosa y esta cualidad es infinitamente divisible.
2) Son complementarios. Cada uno de estos necesita de su opuesto para equilibrarse e incluso generarse; así como el día necesita de la noche.
3) Se controlan mutuamente. El frío ejerce control sobre el calor y éste sobre el otro. Es el modo en que se evitan los desbordes.
4) Así como se controlan también se generan mutuamente. En esta dinámica de generación-control se mantienen en un equilibrio dinámico. Cuando la noche llega a su punto más profundo, comienza a nacer el día y en el momento de mayor esplendor diurno comienza a brotar la noche.

Regidos por estas leyes, Yin y Yang expresan una danza armónica, fluida y vital de lo más original, atravesando fases y dando origen en su movimiento a todos los fenómenos y seres. Desde las estrellas hasta nos nuestros huesos, nuestra mente y espíritu son manifestación de estos dos principios.

Sólo dos principios, sólo dos ingredientes pero en cada caso una receta única e irrepetible…

Leonardo Fernández
ECOMEC